viernes, 24 de octubre de 2014

Tecnología cibernetica con fines militares.

En los últimos 20 años, las tecnologías de la información y la comunicación se han desarrollado
enormemente. Lo que empezó siendo una herramienta para ayudar a optimizar los procesos
administrativos, es ahora un instrumento estratégico en la industria, la administración y la defensa.
En este sentido, los Estados, las organizaciones internacionales y la industria buscan la manera de
proteger sus activos de las ciberamenazas, no solo de manera reactiva sino preventiva.

GUERRA Y TECNOLOGÍA

 

Dos cosas tan aparentemente alejadas y sin relación como son la invención de la bomba atómica y la aparición de las primeras computadoras tienen, sin embargo, el punto en común del proyecto Manhattan. Fue aquí donde Von Neumann, tratando de resolver los enormes problemas de cálculo que conllevaba el estudio de la implosión de la bomba atómica, sentó las bases de una arquitectura que casi todos los ordenadores que usamos hoy en día siguen.

 

A su vez, el desarrollo de la bomba atómica modificó la estructura del mundo. Lo dividió en dos grandes bloques y provocó un sistema tripartito entre Estados Unidos, la Unión Soviética y China en la que las dos potencias más débiles se aliaban en contra de la más fuerte en cada momento. Existía en la sociedad una sensación de enfrentamiento inminente. Sin embargo, a la vez, la competencia entre ellos llevó a una carrera tecnológica sin precedentes. Desde que el hombre voló por primera vez el 17 de diciembre de 1903 al alunizaje de Armstrong y Aldrin el 21 de julio de 1969 transcurrieron tan sólo 66 años.

 

No hay duda de que las guerras han traído consigo enormes avances tecnológicos. Pero, ¿merece la pena el precio? Millones de vidas perdidas en la Segunda Guerra Mundial y el caos económico y social en el que se han hundido los países del bloque comunista son las consecuencias negativas y obvias. Pero gracias a ellas la carrera espacial y los ordenadores, entre otras cosas, fueron posibles.

Parece, de todas formas, poco probable que esto se vuelva a repetir. Una nueva guerra a nivel mundial sin duda acabaría con la humanidad (y, por lo tanto, no traería mucho progreso científico) y los conflictos locales habituales no suelen llevar consigo un avance significativo. Sin embargo, resulta curioso que aún hoy, en España, el ministerio de Defensa dedica más dinero a investigación y desarrollo que el de Educación y Ciencia. La facilidad con que cualquier descubrimiento científico es transformado en una nueva tecnología bélica ha sido una constante a lo largo de la historia.

 

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